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Aurora Cayo Baltazar

mayo 2020

Origen: Aymara de la localidad de Chiapa, comuna de Huara, Tamarugal, Chile.

A sus 61 años, Aurora es una presencia que no pasa desapercibida. Se autodefine como una gestora cultural y difusora de la riqueza del pueblo aymara. En la cocina de su madre se fue gestando su amor por los elementos, la cocina tradicional y su especial arraigo al territorio. A su padre lo recuerda como un sabio. Portadora de una herencia ancestral de agricultores y pastores de llamas, Aurora posee un gran vinculo con sus ancestros, los lleva consigo y los mantiene vivos en cada acción cotidiana. Aurora es el reflejo de la fortaleza y la resiliencia de los pueblos más olvidados por la cultura occidental.

En medio de la crisis sanitaria por la reciente pandemia que tiene al mundo confinado en sus hogares, sostenemos la conversación telefónica. Cuando todo parece distante, Aurora también parece estar lejos. Al comienzo se vislumbraba una entrevista breve, tal vez formal, pero en realidad podríamos haber estado horas en esa llamada, solamente escuchando en silencio. Sin embargo, no era un relato el que Aurora hacía, si no una importante develación de lo que significa ver el mundo y sus crisis desde la cosmovisión andina. Este es un extracto de esa lección de vida.

Aurora, ¿como llegó a ser una emprendedora? ¿Cómo llegó a la banquetería tradicional aymara?

“Desde chica siempre fui muy inquieta y me gustaba andar de cocina en cocina… sentía los olores, porque allá en la comunidad uno entra a cualquier casa como si fuera su casa. Entonces, desde niña, a los cinco años, entré a cocinar por primera vez. A los cinco años en una cocina de leña. Mi mamá me deja el cuidado de mi hermano menor, y yo tuve que darle de comer.

Parece que las mujeres son un pilar importante en la cultura Aymara, ¿no?

Las mujeres son las personas transmisoras de los saberes. Las mujeres somos las que transmitimos. El hombre es más del trabajo. Las mayores enseñanzas que tengo las aprendí en la cocina. Con mi madre y con mi abuela. Yo no se porqué no ha sido visible, por que no se ha valorizado ese trabajo. Tal vez tiene que ver con que es un estado patriarcal y todos son patriarcales.

¿Y en la cultura aymara se da eso?

Si también, porque fueron copiando (de la cultura occidental). Pero está la dualidad también del “chacha-warmi”, que es el trabajo del hombre y la mujer, juntos. Juntos son complemento. No son antagonistas.

Y, en ese escenario ¿Cómo ve usted el futuro del pueblo aymara y en particular el de las mujeres de su comunidad?

Hoy en día la mujer andina ha tomado el rol sola. Aunque a lo mejor estén sin pareja, no necesariamente es así en lo espiritual. Porque ahí tal vez si hay alguna pareja que nos ayuda y nos guía. Eso también es fortaleza.

También estamos muy divididos, estamos muy fragmentados, tanto hombres como mujeres. Estamos fragmentados porque nos hemos separado un poco de lo que es nuestra esencia; de ser mujer aymara. De nuestros valores.

¿Cómo se puede salir de esto?

Reconectar. Reconectarse nuevamente con su cultura. Nuevamente volver a los ancestros. Ya, estamos en la ciudad, pero no nos olvidemos de los valores propios que nos heredaron nuestros ancestros. Ahí esta la fuerza. Así podemos avanzar con lo que hoy día tenemos en esta sociedad en la que vivimos y en el espacio en el que vivimos. Lo podemos hacer, no es necesario que nosotros tengamos que…claro, volver a nuestro territorio, fortalecernos un poco,  a nuestra identidad, a recargar energías, como así uno recarga el celular, así también hacerlo con nuestras energías y conectarnos con a nuestra matriz.

Si la pacha esta en todos los lados. Si uno va al mar, ahí se conecta con el agua del mar, lo escuchas y se va recargando, se va conectando. Lo que pasa es que no hemos puesto tan individualistas que escuchamos este aparatito cuadrado (hace referencia al celular) que nos hace ver el mundo cuadrado, pero no escuchamos lo importante que son los abuelos, que nos indican todos los días a través de las nubes, del viento, lo que viene.

CRISIS MUNDIAL
¿Cómo se conecta esto, con lo que estamos viviendo como sociedad? ¿Cree que esto tenga que ver con la crisis en la que estamos?

Desde la cosmovisión andina. Como lo vemos nosotros, los que somos más espirituales, en el caso mío, lo veo como una limpieza de la pachamama. Una limpieza que hace ella porque ella se cansó de sus hijos, que no la cuidaron que no lo amaron, que no le han escuchado sus sollozos, su llanto, sus gritos de desesperación, que sus hijos la tomen en cuenta y la escuchen, Que la valoren por lo que ella es, porque nos da la vida todos. Entonces, nosotros pensamos que si nosotros no le rendimos tributo, que la hemos dejado de hacer estas rogativas que nosotros le hacemos, ella se manifiesta. Y este es como un periodo de limpieza que viene hacer con sus hijos.

Este es el tiempo del despertar. El tiempo del “warmi pacha” es el tiempo del despertar de las abuelas en el territorio. Cada uno desde donde esté tiene que despertar a las abuelas.

Así lo dijeron los abuelos y es el tiempo que se está cumpliendo. Las mujeres tienen que liderar, y estamos liderando. Estamos sacando fuerza, porque tenemos que ayudar a esta pachamama que nos necesita. Nosotras sabemos entender sus dolores de parto que está teniendo nuestra pachamama, nosotras sabemos entender esos escalofríos, nosotras las mujeres, con nuestra matriz. Porque nuestra matriz esta ligada a lo profundo de la matriz de nuestra pachamama.

Cada mujer tenemos nuestra fuerza. Solamente que a veces, hace falta una ayudita. En mi caso me tuvieron que ayudar en el fortalecer (la convicción) de que las mujeres podemos levantarnos y lo podemos hacer. Ahora existen más tipos de ayuda que antes no habían. O si habían, pero que se practicaban mucho en nuestra cultura que es el “ayni”, la reciprocidad.

Es un trabajo comunitario. Si tú no sabes, yo te puedo ayudar, yo te puedo enseñar que si te falta terminar ese tejido, y te duele la mano, mañana yo voy y termino ese tejido. ¿Me entiendes? Te falta cosechar, tienes que sembrar a sembrar, yo voy y te ayudo a sembrar. Eso falta. Por ejemplo, en el caso mío yo le estoy enseñando a gente en comunidades bien para arriba (el altiplano). Quien me pida que vaya, yo voy. Y no, no les estoy enseñando, sino que les estoy abriendo los ojos para que veas lo que tienen a su alrededor. Eso les digo: “yo no les vengo a enseñar, yo les vengo a dar los tips”. Es abrirle un poco los ojos sobre lo que Tienen ahí, Valorizar lo que tienen al alcance de la mano.

Claro, de las herramientas que están para reconectar con sus capacidades y su cultura. Y en ese sentido, ¿el programa originarias es un aporte para las mujeres aymaras e indígenas en general de su región, de su entorno?

Sí, este supuesto que sí, pucha nosotras como mujeres estábamos buscando un espacio que fuera nuestro (se refiere al centro de negocios en Iquique), quisimos hacerlo nosotras y no se pudo. Esperábamos de las instituciones públicas, como en el caso de conadi, y de (organismos de) cultura un espacio, una casa que nosotras tengamos para hacer lo propio. Es que muchas veces dan este tipo de charlas de mujeres, de emprendimientos pero a veces a la primera vez no lo entendemos ya que y con palabras muy técnicas y al final y al cabo nadie entiende nada. Porque muchas de las mujeres no saben ni leer ni escribir, pero si saben manejar negocios.

Y con todo lo que hemos hablado sobre la cosmovisión andina, la necesidad de reconectar con esta pachamama herida que nos pide que nos detengamos y las mujeres andinas que recobran su fuerza y sabiduría… ¿Cómo visualiza usted el futuro? ¿Tiene algún sueño o alguna meta en ese sentido?

Bueno, si, yo tengo una meta, un sueño, que es trasmitir todo lo que ha enseñado esta la vida terrenal y después en la espiritual seguir transmitiéndolo. La meta es que volvamos a recuperar, volvamos a fortalecernos como humanidad en general, no solamente la parte indígena, sino que toda la sociedad Que volvamos a esa parte humana, pero humana de amor, de luz, porque estamos muy egoístas. Ese egoísmo que tenemos todos es lo que nos está pasando la cuenta. Porque noes quejamos. Nos quejamos a veces del estado, de las cosas que hacen, pero nosotros también nos tenemos que hacer un “mea culpa” por lo que hemos permitido.

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